Puebla pasó de registrar un solo caso de miasis por gusano barrenador a convertirse, en apenas cuatro meses, en la cuarta entidad del país con más personas infectadas por Cochliomyia hominivorax, una plaga que durante décadas se consideró erradicada en México.
La primera infección humana fue detectada el 2 de marzo. Al 2 de julio, la Secretaría de Salud estatal acumulaba 35 casos confirmados y 50 notificados, un crecimiento que colocó a la entidad entre las de mayor avance de la enfermedad a nivel nacional.
Las cifras muestran que el impacto se concentra en la población más vulnerable. Siete de cada diez pacientes tienen más de 60 años y tres de cada cuatro son hombres que habitan municipios de la Sierra Norte, la Sierra Negra y el valle de Tehuacán, regiones marcadas por la pobreza y el acceso limitado a servicios de salud.
La información oficial también revela un patrón que comienza a preocupar a las autoridades sanitarias: de los 35 casos confirmados, 29 personas convivían con animales y, en 19 de ellos, había perros en el entorno familiar. El dato coincide con los registros del Senasica, que ubican a Puebla como el estado con más perros infestados por el gusano barrenador en el país.
La coincidencia también es geográfica. Municipios como Huauchinango, Zacatlán, Cuetzalan y Hueytamalco concentran tanto casos humanos como caninos, lo que ha llevado a especialistas a considerar que los perros podrían estar facilitando la propagación del parásito hacia comunidades donde antes no existía riesgo.
Aunque Chiapas continúa encabezando el número de contagios en el país, Puebla es una de las entidades donde la enfermedad ha crecido con mayor rapidez. El avance del gusano barrenador ya no solo representa un problema para la ganadería, sino un desafío de salud pública que golpea principalmente a adultos mayores, personas con enfermedades previas y comunidades en condiciones de alta marginación.






